11/8/09

COMPETENCIAS DOCENTES Y COMPETENCIAS DEL BACHILLER


El aprender dentro de una institución educativa nunca había tenido tanta relevancia como la tiene ahora, en estos momentos de cambios globalizados, cuando la humanidad enfrenta grandes retos en todos los rubros que conforman las sociedades. Y estos cambios, además, tienen que ser unificadores, comprendiendo el desarrollo sustentable del mundo en el que vivimos.

Algunos países se han dado a la tarea de modificar lo que ellos consideran los puntos medulares en el accionar de su organización. Y este punto medular se refiere a la educación. Entonces, concentran todos sus esfuerzos en el perfeccionamiento de su sistema educativo central.

Tal es el caso de México. En la presente administración, ha diseñado una reforma en el nivel medio superior que conducirá, en principio, al alcance de oportunidades para todos los aspirantes de bachillerato, puesto que las generaciones inmediatas serán, en su mayoría, fluctuantes en edades de entre trece y dieciocho años.

La reforma en sí, posee muchas virtudes. Se basa en competencias que expresan el perfil del docente y que, en teoría, beneficiaran a su vez, las competencias genéricas del egresado de la educación media superior.

El éxito de tal reforma dependerá tácitamente de la planta docente del sistema y del modo en que ésta enfrente los retos por venir. En primer lugar, el reconocimiento de sí mismos y de los posibles atributos con los que se cuenta para poder enfrentar de manera óptima a las nuevas generaciones de adolescentes con todo y su carga emocional y de desarrollo personal.

Ante esto, el profesor debe tener la capacidad de aceptar aciertos y errores con los que se ha conducido en los últimos años dentro del salón de clases. Ambos rubros son importantes. Porque tanto los aciertos como los descalabros, motivan a seguir adelante. Los primeros ayudan a sentirse integrado a una comunidad estudiantil, a tener sentido de pertenencia, a sentirse, en pocas palabras, útil a la sociedad. Los yerros son más difíciles de aceptar, por lo tanto, habrá que atender una serie de ejercicios de autoevaluación para poder detectarlos, asimilarlos y atenderlos con oportunidad.

Con vocación pedagógica o sin ella, los profesores nos conducimos, en la mayoría de los casos con suficiente ética para llevar a cabo una labor harto difícil. Las competencias con las que contamos, ya sea desde nuestra formación profesional, o en el ámbito estricto de la experiencia en el aula, nos van guiando hacia un crecimiento social, cultural y por ende económico, que las más de las veces es poco perceptible a corto plazo; es decir, los resultados de nuestra dedicación hacia la enseñanza se verán reflejados en lo social dentro de algunos años más, cuando las generaciones que nos preceden apliquen tales conocimientos y valores en su conducta de entonces.

Por todo lo anterior es que tiene sentido la relación que se intenta establecer entre las competencias del docente con las competencias del bachiller. Una no puede ser concebida sin la otra. Ciertas características que definen a un profesor incidirán en la formación de los estudiantes con los que se relaciona directa e indirectamente. Es decir, si un maestro tiene la capacidad de interrelacionarse de manera adecuada y trabajar en equipo con un grupo de colegas, el alumno aprenderá de esta experiencia a través de la actitud coherente de este formador.

Y aquí es donde hay que enfatizar la situación. La coherencia en el quehacer profesional y aún personal de los profesores es muy importante en primera instancia, porque define la credibilidad que los muchachos tendrán hacia tal o cual docente. En este sentido, difiero un tanto de la concepción idealista con que Perrenoud profundiza acerca del futuro de la humanidad en el plano educativo.

Si bien es cierto que no existe una certeza fija del terreno hacia donde nos movemos, no creo que el sistema educativo se modifique demasiado en cuanto a la necesidad de contacto humano para ser llevada a cabo con calidad.

Tal vez sí cambie dramáticamente en la infraestructura y en la propia estructura del sistema sobre los planteamientos de programas y planeaciones, pero desde mi perspectiva, siempre será imprescindible un formador que determine el camino a seguir para lograr el aprendizaje adecuado que sea sustentable con el desarrollo del ser humano, sea en este siglo o en el siguiente.

Por tanto, el papel que desempeña el profesor en una sociedad cada vez más abrumadora, es definitivo en la creación de valores y competencias que delimiten las conductas de los nuevos ciudadanos que intentamos conformar. La tarea no es fácil, pensando en lo que nos corresponde hacer. A mi juicio, lo primero es detectar las capacidades con que se cuenta y las carencias al mismo tiempo para, de ese modo, enfrentar los retos que estas nuevas generaciones significan.

Lo segundo tendrá que ver con la formación profesional y el nivel de compromiso con que se enfrenten esos retos. Estar conscientes de que el aprendizaje es una tarea conjunta y que no empieza ni termina en el salón de clases, tan solo somos una parte diminuta de un conjunto dimensionalmente monstruoso llamado sociedad.

3 comentarios:

Julio Luna dijo...

Prof. Roman, me parece que este trabajo va a ser muy arduo y laborioso.

durkheim dijo...

MEDIOS PARA AYUDAR A LOS ALUMNOS A DESARROLLAR COMPETENCIAS

En primer lugar, recuerdan que el Programa de formación, formulado en términos de competencias, no apareció por magia. Se elaboró en respuesta al hecho de la inadecuación entre "hacer a la escuela como ayer" y responder a las exigencias sociales de mañana. En otros términos, nuestras maneras de hacer, inspiradas a menudo en el modelo sobre el cual fuimos formados nosotros mismos, no pueden responder más a las necesidades de formación de los alumnos actuales, y, por extensión, a las exigencias sociales futuras. Es en parte lo que le explica a Richard Palascio cuando dice que la complejidad del mundo en el cual el alumno se encuentra, nos impulsa a organizar nuestra enseñanza de manera diferente.


Pasar de la simple memorización conocimientos al desarrollo de las competencias hace más complejo el oficio del profesor. recordemos que "enseñar y evaluar conocimientos brutos, se siente capaz de hacerlo y es simple:" se enseña, se hace una prueba y con eso se comprueba muy bien "." Por el contrario, el desarrollo de las competencias no procede de la misma manera, habida cuenta de la naturaleza misma de la competencia. Tomemos como ejemplo el desarrollo del pensamiento crítico: ¿cómo podemos contribuir a su desarrollo? Para llegar, Richard Palascio hace hincapié en la importancia de instalando una cultura dialógica en la clase, es decir, una cultura donde el diálogo entre los alumnos con el profesor esté al servicio del desarrollo del pensamiento en los alumnos. . El pensamiento crítico se desarrolla difícilmente solamente completando un ejercicio sin sabor. Es necesario colocar a los alumnos en interacción y servirse del diálogo para permitir la confrontación de las ideas, que pueda generar una modificación en las representaciones de los alumnos y garantizar, por el mismo hecho, el desarrollo del pensamiento. "y eso forma parte también de los enfoques pedagógicos que se deben utilizar.

B e s t i a dijo...

Ves?
Por eso quiero terminar en un salón de clases escupiéndoles a los alumnos sobre Sabines...
Y embadurnarnos de mis salivas..