EL PERFUME
Historia de un asesino
Hubo que pasar mucho tiempo antes de que algún realizador tuviera el acierto de hacer la adaptación cinematográfica de la enorme novela de Patrick Süskind, que ya de por sí, supone un argumento harto interesante, amén de una narrativa poco convencional que atrapa al lector de principio a fin.
El trabajo no era fácil, siempre imaginé con entusiasmo y expectativa una posible visión fílmica de esta obra. Creí, después de tanto tiempo que no habría quien se arriesgara a transcribir al lenguaje visual la historia de Jean Baptiste Grenoulle con la complejidad psicológica que lo acompaña. Finalmente, es el director alemán Tom Tykwer el que resuelto, decide llevar a cabo una empresa que de entrada se antojaba muy arriesgada por el carácter de la obra literaria.
Resultado de lo que parece una exhaustiva labor el director de esta película, recrea con atino la Francia del siglo XVIII y la podredumbre que la caracteriza. La ambientación se logra en gran medida por el ejercicio lumínico que elimina toda intensidad cromática que pudiera provocar ruido innecesario en la pantalla. La opacidad en la atmósfera (no es otra más que la propia del protagonista, un ser oscuro, ajeno a todo cromatismo que no sea el de su exclusiva e inagotable paleta de olores que el mundo le ofrece), integra al espectador de inmediato en la trama. De esta manera, se logra lo mismo que si se estuviera leyendo la novela; inevitablemente uno se siente atrapado, esta vez, por los códigos visuales que no desestiman en nada a la narrativa convencional, es decir, aquel que había leído la novela no se siente decepcionado por la visión del realizador, muy al contrario, se siente aludido a su propia percepción.
La película se apega casi estrictamente al texto original con la ventaja que ofrece la posibilidad del audio, así como del montaje. La música provoca al erotismo esencial que ya trae consigo la trama y el resultado es excitante. Es un ejercicio audiovisual tanto como olfatorio. No queda otra que regocijarse y redescubrir ciertos elementos sensoriales. La película nos va conduciendo a ello.
Jean Baptiste Grenoulle es un personaje tan sencillo y a la vez goza de una complejidad que se va desenmascarando dentro de su propia historia, que inicia en el peor lugar de aquella Francia nauseabunda. Nuestro personaje es parido de modo tan natural que no deja lugar a dudas sobre la condición humana de la época. Los aromas de una pescadería reciben feroz e implacablemente a este ser, que paradójicamente desarrolla el sentido del olfato más allá de toda posibilidad natural. Tal sensibilidad lo hace aferrarse a la vida que ya le tiene guardadas muchas sorpresas, de las cuales solo le interesa una: crear un perfume extraído de la esencia misma de la belleza.
Para tal labor, el destino lo ubica primero en una curtiduría donde aprende el oficio, para después ligarse directamente con el mejor perfumista del lugar, Giussepe Baldini quien descubre ante él todos los secretos acerca de los aromas y su extracción, conservación y destilación de los mismos. La sensible nariz de Jean Baptiste le otorga un lugar como aprendiz que lo llevara a la larga, a buscar su meta, aunque de manera accidental, pues comienza la conservación de la belleza que busca del modo más sencillo, el asesinato de su materia prima, doncellas con virtudes aromáticas que solo él puede percibir.
De acuerdo a los procesos para la elaboración de un perfume, Grenoulle es estricto consigo mismo, necesita al menos una docena de mujeres para extraerles su esencia. Ante la imposibilidad del convencimiento toma a la fuerza lo que cree le pertenece por derecho propio. Es un ser superior a los demás. Tiene un desprecio absoluto por sus semejantes, no muestra ningún interés social a menos que sea seducido por el olor que de ellos emana.
Distraído con su labor, no se percata de lo que sucede en su entorno. Ensimismado, debe cumplir su tarea para la cual su nariz es el instrumento que lo motiva. No hay nada más allá de esa percepción y ese perfume que ya ha imaginado, que ya ha olido para sí, que ya ha recreado en su imaginación y a través de los códigos de olores con los cuales se conduce.
Implacable, culmina su obra a costa de las vidas aburridas de sus víctimas, no sin antes ejercer una introspección que le desvela un secreto cruel que la vida le depara: no puede percibir su propio aroma. Ante los demás, él no existe. Para el resto del mundo pasa inadvertido, desapercibido, irreconocible.
Atrapado en su propia existencia y enajenado, al terminar el perfume es arrestado y procesado en un juicio expedito que lo conduce al cadalso. Impregnado con su fragancia, obra maestra de la mejor nariz de Francia y del mundo, seduce a la población expectante que sucumbe ante el encanto fascinante de un ser inexistente, el cual emana armonía e impregna con sus vapores únicos la atmósfera ya de por sí viciada por el estro de cada uno de los espectadores concurridos en la plaza. Libre de toda culpa bajo su propio juicio, decide abandonar y abandonarse de toda posibilidad humana.
Bajo la dirección de Tom Tykwer, que ya había dado muestras de un personalísimo lenguaje con “Corre Lola Corre”, la novela de Suskin toma forma de un modo estrictamente literal. No le queda a deber en absoluto. La recreación de ambientes en la Francia decadente, así como la elaboración de personajes a partir de una historia que se narra por si sola gracias a un argumento originalísimo, resultan de una verosimilitud sin igual.
Dudo que la propuesta visual haya salido mal librada ante los ojos del espectador más exigente. Cumple cabalmente con las atmósferas imaginadas por el autor y los lectores de la novela.
Apostando a la narrativa visual como elemento principal, la fotografía juega un papel sumamente importante trabajando a partir de encuadres variados en composición pero caracterizados por una tonalidad uniforme que envuelve finamente las posibilidades psicológicas de los personajes. Adecúa a cada quién en su papel, por un lado un excelente Ben Wishaw surgiendo de la penumbra de su ser interior, prácticamente emergiendo a cuadro del fondo de sí mismo.
Por el contrario, la hermosa Rachel Hurd-Wood se muestra plena, con una vitalidad que solo la burguesía de la época puede ofrecerle.
Las dos caras de una Francia en construcción, en renovación constante, en búsqueda de su propia identidad.
La adaptación del texto original a guión cinematográfico es resultado de una tarea muy inteligente que procura mantener el tono narrativo en todos sus aspectos lingüísticos. Una voz en “off “ introduce y va conduciendo al espectador a grado tal de conectarlo directamente con el protagonista, y ya no lo suelta.
No es preciso el diálogo excesivo, la apuesta consiste en lo sugerente a nivel visual sensitivo. La interacción de personajes y ambientaciones le dan a la película un carácter exclusivo de complicidad con el público. El montaje también ofrece características esenciales que provocan la incursión en el filme. Cada secuencia se desarrolla con apegada precisión, en función de la historia misma.
Llama la atención y no deja de ser interesante la incursión en el ámbito musical del propio director, que también había sorprendido en su anterior propuesta de manera vertiginosa (de hecho, creo que “Corre Lola Corre” se basa principalmente en la música). En el caso del perfume logra nuevamente conjugar esta inaudita gama de posibilidades sensoriales.
La tecnología digital hace su trabajo en la recreación de ámbitos propios de la novela, como la propuesta del puente donde habita Baldini. Es una herramienta que facilita en gran medida la propuesta de cualquier director, aunque claro, hay que tener la imaginación bien aguzada para la perfecta definición visual.
En suma, “El Perfume” es a mi juicio, una realización donde tiene cabida lo sensorial en gran medida, pero también los aspectos emocionales que cargan cada uno de los personajes y que uno los hace propios en tanto los vamos involucrando con nuestras propias vivencias.
EL PERFUME Historia de un asesino
(PERFUME The Story of a Murderer)
Alemania, 2007
Dirección: Tom Tikwer
Guión: Andrew Birkin, Bernd Eichinger, Tom Tykwer
Reparto: Ben Wishaw, Alan Richman, Dustin Hoffman
Edición: Alexander Berner
Fotografía: Frank Griebe
Historia de un asesino
Hubo que pasar mucho tiempo antes de que algún realizador tuviera el acierto de hacer la adaptación cinematográfica de la enorme novela de Patrick Süskind, que ya de por sí, supone un argumento harto interesante, amén de una narrativa poco convencional que atrapa al lector de principio a fin.
El trabajo no era fácil, siempre imaginé con entusiasmo y expectativa una posible visión fílmica de esta obra. Creí, después de tanto tiempo que no habría quien se arriesgara a transcribir al lenguaje visual la historia de Jean Baptiste Grenoulle con la complejidad psicológica que lo acompaña. Finalmente, es el director alemán Tom Tykwer el que resuelto, decide llevar a cabo una empresa que de entrada se antojaba muy arriesgada por el carácter de la obra literaria.
Resultado de lo que parece una exhaustiva labor el director de esta película, recrea con atino la Francia del siglo XVIII y la podredumbre que la caracteriza. La ambientación se logra en gran medida por el ejercicio lumínico que elimina toda intensidad cromática que pudiera provocar ruido innecesario en la pantalla. La opacidad en la atmósfera (no es otra más que la propia del protagonista, un ser oscuro, ajeno a todo cromatismo que no sea el de su exclusiva e inagotable paleta de olores que el mundo le ofrece), integra al espectador de inmediato en la trama. De esta manera, se logra lo mismo que si se estuviera leyendo la novela; inevitablemente uno se siente atrapado, esta vez, por los códigos visuales que no desestiman en nada a la narrativa convencional, es decir, aquel que había leído la novela no se siente decepcionado por la visión del realizador, muy al contrario, se siente aludido a su propia percepción.
La película se apega casi estrictamente al texto original con la ventaja que ofrece la posibilidad del audio, así como del montaje. La música provoca al erotismo esencial que ya trae consigo la trama y el resultado es excitante. Es un ejercicio audiovisual tanto como olfatorio. No queda otra que regocijarse y redescubrir ciertos elementos sensoriales. La película nos va conduciendo a ello.
Jean Baptiste Grenoulle es un personaje tan sencillo y a la vez goza de una complejidad que se va desenmascarando dentro de su propia historia, que inicia en el peor lugar de aquella Francia nauseabunda. Nuestro personaje es parido de modo tan natural que no deja lugar a dudas sobre la condición humana de la época. Los aromas de una pescadería reciben feroz e implacablemente a este ser, que paradójicamente desarrolla el sentido del olfato más allá de toda posibilidad natural. Tal sensibilidad lo hace aferrarse a la vida que ya le tiene guardadas muchas sorpresas, de las cuales solo le interesa una: crear un perfume extraído de la esencia misma de la belleza.
Para tal labor, el destino lo ubica primero en una curtiduría donde aprende el oficio, para después ligarse directamente con el mejor perfumista del lugar, Giussepe Baldini quien descubre ante él todos los secretos acerca de los aromas y su extracción, conservación y destilación de los mismos. La sensible nariz de Jean Baptiste le otorga un lugar como aprendiz que lo llevara a la larga, a buscar su meta, aunque de manera accidental, pues comienza la conservación de la belleza que busca del modo más sencillo, el asesinato de su materia prima, doncellas con virtudes aromáticas que solo él puede percibir.
De acuerdo a los procesos para la elaboración de un perfume, Grenoulle es estricto consigo mismo, necesita al menos una docena de mujeres para extraerles su esencia. Ante la imposibilidad del convencimiento toma a la fuerza lo que cree le pertenece por derecho propio. Es un ser superior a los demás. Tiene un desprecio absoluto por sus semejantes, no muestra ningún interés social a menos que sea seducido por el olor que de ellos emana.
Distraído con su labor, no se percata de lo que sucede en su entorno. Ensimismado, debe cumplir su tarea para la cual su nariz es el instrumento que lo motiva. No hay nada más allá de esa percepción y ese perfume que ya ha imaginado, que ya ha olido para sí, que ya ha recreado en su imaginación y a través de los códigos de olores con los cuales se conduce.
Implacable, culmina su obra a costa de las vidas aburridas de sus víctimas, no sin antes ejercer una introspección que le desvela un secreto cruel que la vida le depara: no puede percibir su propio aroma. Ante los demás, él no existe. Para el resto del mundo pasa inadvertido, desapercibido, irreconocible.
Atrapado en su propia existencia y enajenado, al terminar el perfume es arrestado y procesado en un juicio expedito que lo conduce al cadalso. Impregnado con su fragancia, obra maestra de la mejor nariz de Francia y del mundo, seduce a la población expectante que sucumbe ante el encanto fascinante de un ser inexistente, el cual emana armonía e impregna con sus vapores únicos la atmósfera ya de por sí viciada por el estro de cada uno de los espectadores concurridos en la plaza. Libre de toda culpa bajo su propio juicio, decide abandonar y abandonarse de toda posibilidad humana.
Bajo la dirección de Tom Tykwer, que ya había dado muestras de un personalísimo lenguaje con “Corre Lola Corre”, la novela de Suskin toma forma de un modo estrictamente literal. No le queda a deber en absoluto. La recreación de ambientes en la Francia decadente, así como la elaboración de personajes a partir de una historia que se narra por si sola gracias a un argumento originalísimo, resultan de una verosimilitud sin igual.
Dudo que la propuesta visual haya salido mal librada ante los ojos del espectador más exigente. Cumple cabalmente con las atmósferas imaginadas por el autor y los lectores de la novela.
Apostando a la narrativa visual como elemento principal, la fotografía juega un papel sumamente importante trabajando a partir de encuadres variados en composición pero caracterizados por una tonalidad uniforme que envuelve finamente las posibilidades psicológicas de los personajes. Adecúa a cada quién en su papel, por un lado un excelente Ben Wishaw surgiendo de la penumbra de su ser interior, prácticamente emergiendo a cuadro del fondo de sí mismo.
Por el contrario, la hermosa Rachel Hurd-Wood se muestra plena, con una vitalidad que solo la burguesía de la época puede ofrecerle.
Las dos caras de una Francia en construcción, en renovación constante, en búsqueda de su propia identidad.
La adaptación del texto original a guión cinematográfico es resultado de una tarea muy inteligente que procura mantener el tono narrativo en todos sus aspectos lingüísticos. Una voz en “off “ introduce y va conduciendo al espectador a grado tal de conectarlo directamente con el protagonista, y ya no lo suelta.
No es preciso el diálogo excesivo, la apuesta consiste en lo sugerente a nivel visual sensitivo. La interacción de personajes y ambientaciones le dan a la película un carácter exclusivo de complicidad con el público. El montaje también ofrece características esenciales que provocan la incursión en el filme. Cada secuencia se desarrolla con apegada precisión, en función de la historia misma.
Llama la atención y no deja de ser interesante la incursión en el ámbito musical del propio director, que también había sorprendido en su anterior propuesta de manera vertiginosa (de hecho, creo que “Corre Lola Corre” se basa principalmente en la música). En el caso del perfume logra nuevamente conjugar esta inaudita gama de posibilidades sensoriales.
La tecnología digital hace su trabajo en la recreación de ámbitos propios de la novela, como la propuesta del puente donde habita Baldini. Es una herramienta que facilita en gran medida la propuesta de cualquier director, aunque claro, hay que tener la imaginación bien aguzada para la perfecta definición visual.
En suma, “El Perfume” es a mi juicio, una realización donde tiene cabida lo sensorial en gran medida, pero también los aspectos emocionales que cargan cada uno de los personajes y que uno los hace propios en tanto los vamos involucrando con nuestras propias vivencias.
EL PERFUME Historia de un asesino
(PERFUME The Story of a Murderer)
Alemania, 2007
Dirección: Tom Tikwer
Guión: Andrew Birkin, Bernd Eichinger, Tom Tykwer
Reparto: Ben Wishaw, Alan Richman, Dustin Hoffman
Edición: Alexander Berner
Fotografía: Frank Griebe
2 comentarios:
Prefiero antes de vomitar, degustar unos mezcales, para vomitar agusto todas mis verdades.
¡Seducida!
Y ganas de leer feromonas....
¿Cuando me prestas el libro...
y por consiguiente, cuando la peli?
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